LAS VARIACIONES SESÉ

Marcelino Sesé

El apellido de Marcelino contiene una variación; una sílaba vuelve a incidir y decide incorporar una tilde, SE SÉ, diferencia y repetición.

Cada víspera de 19 de marzo, durante décadas, he cenado con Marcelino para celebrar San José, patrón de los carpinteros, en una velada ritualizada que organizan mis tíos, a la postre responsables de que conozca a Marcelino. A los postres de una de esas cenas, Marcelino confesó que adoraba pintar variaciones sobre un mismo tema, cual oración que se repite una y otra vez para intentar comprender el secreto de la pintura, para intentar saber de qué está hecha.

En la música como en el apellido de Marcelino, el tema y la variación están contenidos en la misma composición, son “derivaciones”, -la composición sería la muestra de ese derivar- mientras que en la pintura es un poco distinto, las variaciones suelen dar como fruto series de “aproximaciones” a un mismo tema, que pueden ser leídas incluso fuera de conjunto como obras separadas, independientes, un punto de vista o una iluminación diferente cada vez.

La actividad artística de Marcelino es un segundo trabajo, una variación en el tiempo que le dejaba el primero como vendedor de electrodomésticos. Marcelino Sesé es una especie de contrahaz luminoso del Harvey Pekar de American Splendor.

Marcelino pinta sobre su familia, sobre las habitaciones que habita, sobre sus amores, sobre el campo, mucho campo y, sobre todo, sobre sus amigos. Pienso esta exposición como una tercera variación sobre un mismo tema. Tras “Serafín Boix. Éxodo” (2014) y “Manolo Calvo. Antes de que se me olvide” (2016), llega ahora “La alegría de pintar” dedicada a Marcelino Sesé, tres exposiciones que han emergido desde la amistad. Creo que desde allí también pinta Marcelino.

Contemplo sus obras y encuentro afectos personales desinteresados y muchas veces compartidos, además es como si sus cuadros ayudaran a fortalecerlos. La pintura de todos ellos nace de la necesidad de crear, no intervienen apenas otros factores, sus cuadros están cargados y a veces sobrecargos de esa urgencia. Lo demás ya llegará si ha de llegar.

Los asocio a esos pintores españoles que Vallejo-Nágera agrupó bajo el frágil concepto de “Ingenuismo”, y en el caso de Marcelino, muy especialmente a autores como Domingo Angulo o Carmen Martínez Millán “Jacoba”. Para Vallejo-Nágera el ingenuismo no es sino una traslación hispana de los “naïf” y autodidactas franceses como Henri Rousseau, Séraphine Louis, Camile Bombois, André Bauchant o Louis Vivin; o de los “modern primitives” americanos como Morris Hirshfield, John Kane o la “Abuela Moses”. Todos ellos encuentran claros precedentes en cierta pintura religiosa rural o en los exvotos mexicanos del XVIII y XIX.

Variación sobre la Casa Carderera. Marcelino Sesé.

Un cuadro de Marcelino cuelga en nuestra cocina. Representa el fragmento de una tapia en la que se acumulan grafitis y capas de carteles. Entre ellos, un pequeño póster en el que un cíclope rojo aparece tachado por una equis. Cuando reparé en él, engendró de inmediato un recuerdo de la imagen aislada, como obra aparte y no como cuadro dentro del cuadro. Sin embargo, el contexto no llegó a aparecer, ¿dónde lo había visto? Escribí a Marce para preguntarle, le envíe una foto y me respondió que se trataba de la desaparecida casa Carderera, una variación del edificio que había estado pintado obsesivamente durante una temporada.

Podría preguntarme por qué yo veo un cíclope rojo donde Marcelino pinta la casa-palacio Carderera, y preguntaría bien, pero lo cierto es que lo único que me preocupa es que todavía sigo sin saber dónde vi aquella imagen que contiene el cuadro. Nos obstinamos invariablemente al expresar una instantaneidad, buscando un retorno a la posibilidad de lo que ha sido mientras vuelve a ser otra cosa. SE SÉ.

Orencio Boix.

El próximo 27 de abril se inaugura la exposición “La alegría de pintar” dedicada al artista oscense Marcelino Sesé. Podrá visitarse hasta el 20 de mayo en el Centro Cultural del Matadero de Huesca, la Librería Anónima, La Estrella y La Zarza. Una exposición antológica bien merecida de cuyo catálogo hemos rescatado este texto de nuestro compañero Orencio.


 

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