CEREMONIA DE CLAUSURA

Al comienzo del verano, puse una botella llena de agua en el balcón de mi casa. La botella no era mía, me la había dejado el casero en el rellano justo antes de irse a la playa. Durante el verano, mi casero regenta un chiringuito playero en el sur de España. Me dejó una botella y varias plantas. Su despedida particular. Las metí en casa y empecé a regarlas, me generaron una rutina que agradecí. Veía como iban creciendo y en cierta manera ese proceso me emocionó. De hecho siguen creciendo. La botella estaba llena de vino y en el primer fin de semana nos la bebimos entre varios amigos. Al día siguiente, al verla vacía, decidí rellenarla de agua y dejarla en el balcón. Una pequeña e inconsciente ceremonia para dar la bienvenida al verano.

Hoy la he recogido. Más de un tercio de la botella se ha evaporado. Curioso. Esas cosas dan que pensar. Quizá un tercio de mí también se haya evaporado durante este verano y necesite rellenar.

Ahora mismo estoy pensando en vaciar y recolocar la botella en el balcón.

Con agua nueva. O quizá debería esperar al casero y preguntarle porqué me dejó esa botella y aquellas plantas. Volver a poner la botella en el balcón es una manera de despedir el verano como otra cualquiera. O de saludar a lo que venga. Mientras rellene la botella haré un barrido loco del verano. Bueno, creo que ya lo estoy haciendo. Un tráiler, un resumen con los mejores momentos. Al final nunca paramos de hacer ceremonias. El invierno va a ser divertido.

Vamos a rellenar.

Antonio Romeo

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