¡PODRÍA PASARTE A TI!

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El otro día estuve a punto de hacerme un selfie dentro de unos grandes almacenes.

Lo cierto es que aún no sé por qué, yo no suelo hacer ese tipo de cosas. Tal vez la exageradisima amabilidad de la dependienta me hizo meterme en su mundo de fantasía. De algún modo, con ese gesto, yo le estaba diciendo que esa sonrisa XXL que parecía iba a explotarle la cara y ese “no pasa nada, gracias señor, lo que quiera”, me habían conquistado. Dios mío, cuánto ganará esa chica para hacer eso, aunque igual esa así de serie, lo que creo es aún más inquietante.

Me palpé los bolsillos para adivinar en cual estaba el teléfono y me dirigí a un pasillo más solitario. Por el camino fui pensando en los distintos menús y pantallas que tendría que pasar hasta llegar a la opción de cámara. Quería echar la foto lo más deprisa posible y perturbar lo mínimo ese extraño microcosmos.

Miré a izquierdas, miré a derechas y saqué el teléfono. Con una rapidez asombrosa llegué a la aplicación de cámara y la puse en modo selfie, solo me faltaba el palo para que alguien me pudiese apalear con toda la razón del mundo.

Por el rabillo del ojo, a mano derecha, sentí algo de movimiento y guardé el teléfono en el bolsillo lo más deprisa posible. Comencé a sentir una de las venas de mi corazón de forma exagerada. Traté de disimular mirando los martillos, alicates y otros aparatos que había en ese pasillo. La presencia llegó a mi lado, con tan buena suerte que se trataba del guarda de seguridad.

Instintivamente eché a andar a la derecha e intenté recordar la cara de la dependienta que me había parado en la entrada para ofrecerme un nuevo café de promoción.

“No pasa nada, gracias señor, lo que quiera”. Cada nuevo paso que daba era más rápido que el anterior. El guarda de seguridad, mucho más lento, me iba siguiendo. Comencé a sudar. No sé si pensaba que estaba robando o tenía curiosidad por verme hacer la foto, las dos opciones me daban bastante miedo.

Salí cuanto antes de ese sitio y olvidé cualquier compra de todas las que debía hacer ese día.

Por la noche no cené.

Antonio Romeo

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