LA MANIOBRA

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Bien, por fin te han llamado del equipo de tus amores. Igual no es el equipo de tus amores pero a la secretaria que estaba al otro lado del teléfono le has puesto voz de forofo. Y le has dicho todo lo agradecido que estás al club por haber contado contigo para este extraordinario momento.

Te das un poco de asco, sí, pero le dices a todos tus conocidos que vas a ver El Derbi gratis y que te vas a poner hasta arriba de canapés y copas de champán, que lo de menos es el partido.

Utilizas cualquier maniobra para no sentirte peor.

Estás nervioso, llevas un par de noches durmiendo mal, visualizas el momento en tu cabeza: siempre resbalas y te caes.

¿Por qué todos los saques de honor han de realizarse con ropa de calle?

Te levantas por la mañana decidido, vas a llamar al presidente y cambiarás el curso de la historia. Harás el saque, pero vestido con la equipación oficial del equipo, botas incluidas, sobre todo botas, tienes miedo de que tus pensamientos se hagan realidad, no sería la primera vez que te pasa.

No te atreves a llamar, para compensar tu histeria decides comprarte ropa, sabes que es un instante fugaz, apenas cinco minutos, pero a todo el mundo le gusta sentirse guapo y durante esos cinco minutos serás el centro de atención.

Le preguntas a la dependienta si esos zapatos resbalan en el césped, ella pone cara de pocker y le cuentas toda la historia, intentas ligártela, tú, que estás casado, tú, que se supone eres un elemento positivo dentro de la sociedad.

De vuelta a casa practicas en el salón, saludas a los lados, cierras un poco más la cortina por miedo a los vecinos… los dos brazos levantados, eso es, apura esa sonrisa, y ahora, ligero toquecito, muy bien. Otra duda, el saque con la pierna izquierda o con la derecha, vuelves a practicar, con una y otra pierna. Nuevas dudas.

Piensas en los canapés. Y en que haces esto porque en cierta manera agradecen todos tus años de trabajo y esfuerzo. Te lo pagan en canapés y copas de champán, quizá también haya algo de cocaína. Sonríes.

Sí, esa es la vida que esperabas de pequeño. Bueno, de pequeño querías jugar en ese equipo, pero un saque de honor es lo más parecido que vas a poder hacer a estas alturas.

Conectas con ese niño de cinco años que llegaste a ser y te das miedo.

De repente te ves llorando en medio del césped y sientes un profundo terror. Igual deberías rechazar la oferta, aunque el partido es dentro de dos días.

Son solo cinco minutos, te dices, además, luego nadie se acordará.

Antonio Romeo

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