MIL IVÁN ILICH

Iván, reconociste el error al final.  Ya sin tiempo para rectificar. Tomaste el camino equivocado y no te diste cuenta. Lo cierto es que aquí estás. Yaciendo en la cama. Te queda poco tiempo, el justo como para asimilarlo y aceptar, ese es el único arreglo posible ya. Todo lo que construiste, se te antoja un fraude ahora. Y no, ya estás demasiado débil,  no hay margen, te vas. Serán días, quizá semanas. Por un momento maquinas que tal vez todavía exista una oportunidad, sólo un instante, no tienes fuerza. Se acabó, vas a morir. Tienes que admitir tu equivocación fatal y marchar.

Recuerdas a Milli Vanilli. Sí, han llegado a tu cabeza precisamente ahora. ¡Qué mierda es esta!, te dices. ¿Por qué en un trance así, tienen que aparecer esos estafadores?. Esos negros tristes. Insoportable simbolismo catódico. Si no puedo aguantar a William Blake, imagínate lo que me parece esta evocación residual. De tan evidente, la puedes tomar únicamente como una pena punitiva. Un pequeño castigo final.

Ya sólo te queda aguardar piedad. Todavía te tranquiliza pensar que seguro habrá más de mil tipos como tú.

milli

Orencio Boix.

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